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Los otros BIC

Publicado en:
20 de agosto de 2011.

San Cristóbal de La Laguna cuenta con numerosos edificios que tienen la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), no en vano la ciudad es en sí misma Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad desde 1998. La lista de inmuebles declarados como BIC en La Laguna es casi interminable y la mayoría se concentra en el conocido como casco histórico de la ciudad. Sin embargo, fuera de esta zona también existen otros BIC que por su singularidad han merecido esta catalogación por parte del Gobierno de Canarias.

Valle de Guerra es uno de los barrios laguneros que cuenta con dos declaraciones de Bien de Interés Cultural en su haber: la zona arqueológica de La Barranquera, declarada BIC en 2005, y la fiesta de la Librea, en 2007.

En la zona arqueológica de La Barranquera, que se localiza sobre un acantilado costero, se distinguen dos grandes sectores separados por el promontorio de la Punta del Jurado, que se adentra en el mar. Desde el punto de vista geomorfológico, el área se configura como un gran apilamiento de coladas basálticas de la Serie III, así como numerosas cuevas que fueron utilizadas por la población prehistórica de la Isla como recintos habitacionales o nichos funerarios. En esta zona se pueden encontrar, entre otras, un conjunto de cuevas sepulcrales abiertas en las márgenes del barranco del Horno que conservan vestigios óseos, malcológicos y cerámicos en superficie, así como lago de relleno estratigráfico en algunas de ellas. Hacia la desembocadura, en la playa del Roquillo, existen referencias de estructuras de superficie y restos de cabañas.

La Librea de Valle de Guerra tiene más de 400 años de antigüedad y sus orígenes están en la celebración para exaltar a la virgen del Rosario y a los canarios que, al mando del capitán Francisco Díaz Pimienta, combatieron en la batalla de Lepanto, de la que volvieron victoriosos.

En el vecino barrio de Tejina se ubica otro de los bienes de interés cultural que más orgullo despierta entre los habitantes del barrio. Se trata de la Fiesta de los Corazones de Tejina, cuyo origen se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, fiesta que fue declarada BIC en 2003. Para el vicepresidente de la Asociación de los Corazones, Guadalberto Hernández, la declaración es “un valor añadido para la fiesta”, pero aclara que “los Corazones están por encima de todo eso por el arraigo y poder de convocatoria que tienen”. Añade Hernández que “los reconocimientos están muy bien y se deben hacer porque ésta es la obligación del Gobierno”. El vicepresidente de la Asociación de los Corazones recuerda que es una fiesta “única” porque “hay usos similares con respecto a la fruta pero con forma de corazón somos los únicos en el mundo”.

La Escenificación de la Librea de Valle de Guerra es un acto cultural, tipo autosacramental, fuertemente arraigado en la cultura popular. El desarrollo secuencial de La Librea contempla dos aspectos diferenciados, pero a su vez complementarios: por una parte, el desfile de los barcos de La Virgen, y de otra, la representación de la batalla naval con su preámbulo de relato de acontecimientos históricos. La representación de La Librea está dividida en cuatro actos: la introducción, los prolegómenos del combate, la batalla y la rendición.

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De Bien Cultural a basurero

Publicado en:
La Opinión de Tenerife.
20 de septiembre de 2010.


Desde la otra punta de la costa, las paredes del acantilado parecen compactas. Nadie se puede imaginar que las tabaibas dulces, los tarajales y los cardones se encarguen de ocultar un yacimiento arqueológico declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Zona Arqueológica en 2005.

La declaración, realizada por el Gobierno canario para intentar conservar este espacio en la costa de Valle de Guerra, parece que no está cumpliendo su función puesto que en el interior de estas oquedades junto a las conchas de las lapas y los escasos restos de cerámica guanches se descomponen una nevera de gran tamaño, latas, colillas y hasta los muelles de una cama.

Quizás los antiguos pobladores eligieron La Barranquera no sólo porque tenían agua en abundancia. Se trata de una zona rica en vegetación donde los animales podían alimentarse, que les permitía acercarse al mar a coger lapas y también estar protegidos en un lugar de difícil acceso . De hecho, sigue siendo llegara al yacimiento, por lo que debe ser más complicado llevar hasta allí una nevera o parte de una cama.

El Ayuntamiento de La Laguna ha realizado varias campañas de limpieza esta zona protegida para retirar los desperdicios que se han podido ir acumulando debido a la proximidad de los invernaderos, campistas, pescadores y, sobre todo, gente que tira su basura en cualquier parte.
Además, a la acción humana hay que sumar que las aves de la zona han convertido estas oquedades naturales en el lugar perfecto para establecer sus nidos, comer y dejar sus excrementos, los que se mezclan con las conchas y los restos de las vasijas guanches.

Cuadrillas
"Varias cuadrillas ya han estado retirando basura de esta zona. El año pasado, fueron tres o cuatro cuadrillas las que trabajaron aquí y ahora tenemos a un nuevo grupo que se va a encargar de limpiar lo que faltó", explicó el concejal de la zona de Valle de Guerra, Francisco Gutiérrez.

A lo largo de esta costa existen distintos grupos de cuevas aborígenes que sirvieon para conservar los alimentos, guardar a los muertos y encontrar cobijo. Uno de ellos es conocido como El Calabazo, formado por siete cuevas, utilizadas como viviendas por los guanches, y otras dos cavidades más, que eran empleadas para proteger a sus momias.

A pesar de que fueron expoliadas, se han hallado en su interior abundantes restos de cerámica, fragmentos de huevos y herramientas fabricadas en piedra. También se recuperaron restos humanos y cuentas que los aborígenes empleaban para hacer los collares.
Estas no son las únicas, ya que a lo largo del acantilado existen diversos asentamientos dispersos ´desde la playa del Roquillo hasta el barranco de Chamorro.

Así, en la misma playa del Roquillo se han registrado más de una decena de cuevas naturales, con abundantes vestigios materiales y signos de que han sido utilizadas hasta hace algunos años Además, en esta zona también se han localizado un grupo importante de cabañas que fueron empleadas por los aborígenes.

La importancia arqueológica de este yacimiento prehistórico y su declaración como Bien de Interés Cultural deberían ser impedimentos suficientes para que los ciudadanos no arrojen allí su basura.

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El vertido en el yacimiento de Valle de Guerra puede multarse con 30.000 euros

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


 D. BARBUZANO, La Laguna
La gran bola formada por basura y residuos tóxicos que se desplaza por la ladera de la zona de El Apio, en Valle de Guerra, con dirección hacia el mar y poniendo en peligro los yacimientos arqueológicos, ha motivado una rápida actuación del Ayuntamiento de La Laguna, consistente en el inicio de un expediente sancionador que podría representar una multa de hasta 30.000 euros para el responsable del vertido.

La zona fue visitada por los concejales de Valle de Guerra, María del Cristo Pérez y Francisco Gutiérrez, y el edil responsable de los Servicios Municipales, Plácido Mejías, quien explicó a EL DÍA lo siguiente: "Una vez que nuestros técnicos analizaron la zona afectada, hemos procedido a denunciar el hecho ante el área de Patrimonio del Cabildo Insular de Tenerife, la Guardia Civil y el Consejo Insular de Aguas".

La única contestación por ahora la ha dado el Consejo Insular de Aguas, que ha dicho que el vertido de basura no es de su competencia por no haber sido realizado en el barranco sino en las laderas.

Plácido Mejías destacó que, por su parte, el Ayuntamiento de La Laguna ha iniciado un expediente sancionador contra los responsables del vertido de basura, "ya que -añadió- aquí se ha producido no sólo un atentado contra el medio natural de Valle de Guerra sino contra una zona declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la zona".

Rechazo unánime.- Los vecinos de Valle de Guerra, tanto mayores como jóvenes, y según pudo constatar ayer este periódico, están muy indignados porque las laderas y los bellos parajes de la costa de Valle de Guerra siempre habían destacado por su limpieza, y ahora han comenzado a convertirse en vertederos incontrolados.

Dos jóvenes señalaron que "la culpa la tenemos nosotros, el pueblo, porque hemos permitido que determinadas personas estén contaminando una zona que se mantiene en su mayor parte tan pura como cuando los aborígenes transitaban estos lugares".

El que fuera importante arqueólogo afincado en Tenerife y responsable del Museo Arqueológico del Cabildo, Luis Diego Cuscoy, escribió mucho del valor arqueológico de Valle de Guerra, así como Juan Álvarez Delgado, que valoró el espacio que va desde la Punta del Viento a la Punta de La Barranquera, donde encontró diez cuevas y seis necrópolis.

Respeto al pasado.- Es de destacar que desde siempre los pescadores han utilizado las cuevas de los guanches para dormir en sus días de pesca, y siempre respetaron dichos lugares por considerarlos sagrados para ellos por ser el lugar donde vivieron sus antepasados.

La sociedad moderna parece que, en ciertas ocasiones, no concede el valor que se merecen los yacimientos arqueológicos. En este caso han sido las fincas de producción agrícola, cuyos propietarios algunos entienden que deberían tener alguna formación cultural, "han tirado basura a una zona de la que siempre hemos estado orgullosos sin saber las consecuencias de contaminación para uno de los parajes con mayor autenticidad de Valle de Guerra y donde la vegetación predominante es el cardón (Euphorbia canariensis), tabaiba (Euphorbia balsamifera), cactus (Cactus opuntic) y tarajal (Tamarix canariensis)".

Hay que indicar que la gran bola de basura, como la han bautizado los valleros, está formada por cables, plásticos y sustancias tóxicas que han propiciado que otros ciudadanos hayan utilizado el lugar como vertedero incontrolado, tirando coches y hasta neveras.

El pueblo considera este hecho como el mayor atentado ambiental que ha sufrido Valle de Guerra.


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El asentamiento aborigen de El Calabazo, el mejor conservado

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


De toda la costa, el asentamiento aborigen mejor conservado es el de El Calabazo, ya que la finca Las Cuevas ha cuidado mucho el no tirar ningún residuo ni basura ni sobre las oquedades ni en las laderas en las que se localizan, una forma de actuar que debería servir de ejemplo para mucho otros empresarios.

Este periódico descendió por un precipicio para ver el estado de este yacimiento arqueológico a más de 100 metros sobre el nivel del mar, en cuyas orillas se alzan esbeltos parajes rocosos horados con frecuencia como es el caso de El Jurado.

Este yacimiento de El Calabazo está formado por siete cuevas, lo cual revela una característica del hábitat guanche, como es su concentración, donde la mano del hombre sólo intervino para construir muros de piedra seca que lo protegieran de los vientos dominantes. Además, cuenta con una cueva sepulcral.

Mayor concienciación

Los vecinos de la zona dijeron que había que ser más conscientes porque han visto tirar basura a este asentamiento aborigen. La verdad es que se encuentra bastante bien conservado, pero se ve ya la presencia de la basura aunque en pequeñas cantidades y debido a la falta de mentalización de los senderistas.
En primer lugar, en el suelo hay gran cantidad de cartuchos dejados por los cazadores. Luego, se encuentran tubos y trozos de láminas de plancha. También los senderistas han dejado muchas lonas y zapatos que bien pudieron llevarse consigo, así como trozos de láminas de hierro.

A lo anterior se suma la falta de mantenimiento con árboles secos que, en este caso, ponen la nota antiestética, concretamente en el acceso a la cueva de enterramiento, cuyo ajuar funerario según las crónicas estuvo formado por collares, colmillos de cerdo, cerámicas y punzones.


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Vertidos de basura ponen en peligro ricos yacimientos arqueológicos del litoral

Publicado en:
Periódico El Día. 
11 de octubre de 2009.


 D. BARBUZANO, La Laguna


Los yacimientos arqueológicos de Valle de Guerra, de gran importancia histórica, están siendo objeto de un atentado que los pone en peligro por parte de los propietarios de fincas próximas que, sin ningún tipo de conciencia ni de respeto al pueblo aborigen, según afirman vecinos, están tirando toda clase de basura y residuos tóxicos, llegando incluso a tapar una serie de cuevas, que las autoridades municipales o insulares deberían proteger, además de crear un sendero para que el pueblo admire los asentamientos guanches existentes.

Entre estos yacimientos afectados se encuentra el conocido como El Calabazo, que está formado por seis cuevas de habitación y una de enterramiento. Los yacimientos aborígenes de la costa de Valle de Guerra pertenecieron al menceyato de Tegueste, el cual fue integrado por unos guanches que, dada su fortaleza, pertenecieron a un bando de guerra.

Los aborígenes de esta zona costera pasaban el invierno en Valle de Guerra para trasladarse en primavera y en el verano a los pastos de la Vega lagunera o a la planicie de Los Rodeos.

Este grave atentado contra los yacimientos aborígenes de la costa de Valle de Guerra ha motivado que diferentes colectivos culturales de dicho pueblo hayan denunciado a EL DÍA que "aquí se está cometiendo no sólo una falta muy grave contra los orígenes del pueblo canario, sino un atentado contra la naturaleza que se conserva en su estado virgen primitivo y contra unas cuevas en las que aún reposan los huesos de los guanches".

En este sentido, valleros indignados explicaron a este periódico que "los últimos reductos de los aborígenes guanches en el municipio de La Laguna se encuentran en la costa de Valle de Guerra. Es una ladera que comienza en La Barranquera y acaba en la Punta del Viento (El Pris, Tacoronte). En esta costa se localizan las cuevas de El Roquillo, Punta del Jurado, El Calabazo, Barranco del Chamorro, El Apio, Punta la Romba, Caleta del Palo, Caleta Honda, La Fuentecilla y La Punta del Viento. Toda esta zona tiene cuevas catalogadas y muchas de ellas aún no están descubiertas". Añadieron que "esta es una de las zonas más vírgenes de Valle de Guerra, donde aún se conserva la flora y fauna autóctona del territorio".

Los vecinos denuncian que "los propietarios de las fincas próximas a esta zona han ido invadiendo el territorio y vertiendo residuos tóxicos y basuras sin control, perjudicando, con ello, el entorno medioambiental".
El ejemplo de deterioro más significativo que ponen como ejemplo se encuentra en Barranco del Chamorro, Punta de La Romba y Caleta el Palo, cuyos accesos han sido cerrados y donde los volúmenes de basura son de tales dimensiones que alcanzan 60 metros de ancho y 100 de largo, aproximadamente.

Este tipo de basura está compuesta principalmente por plásticos rígidos de difícil descomposición que, con ayuda del viento y del clima, perjudican y destruyen lo que encuentran a su paso, dejando las tabaibas, una de las especies que más abundan, en muy mal estado. En el barranco de La Caleta se encuentra la cueva de Don Gaspar, cuya entrada en arco de piedra tallada (única en la zona) está siendo taponada por un vertido de escombros procedentes de una finca cercana".

Otro problema añadido es la construcción de un muro de grandes dimensiones que divide las playas de El Calabazo y de El Apio, impidiendo el paso a los usuarios en los meses de mar gruesa e incumpliendo la Ley de Costas.

Según los denunciantes, al parecer "no sólo las fincas ocasionan este problema, sino que también los propios usuarios deterioran la costa dejando basuras como latas, pilas, cristales, plásticos y hasta neveras y coches. Además, se sigue practicando la pesca incontrolada con el uso de redes (trasmallos), submarina con botella y de dinamita".

Varios valleros pertenecientes a diferentes colectivos culturales, en un informe realizado, afirman que "es inexplicable cómo las autoridades han permitido arrojar vertidos a estas laderas y barrancos de la costa de Valle de Guerra. Si esta costa fuera declarada área protegida marina y terrestre, podríamos hablar de un futuro con más perspectivas de desarrollo pesquero y medioambiental, sin olvidar el alto valor antropológico para la investigación aborigen".

Los colectivos "esperamos que aquellas personas que lean este artículo y se den por aludidas, antes de hacer una crítica no constructiva, piensen razonablemente sobre el tema y luchen por este gran patrimonio natural que se encuentra en Valle de Guerra. Se espera que las autoridades competentes como son el Ayuntamiento de La Laguna, el Ayuntamiento de Tacoronte, el Cabildo, Costas y Medio Ambiente tomen cartas en el asunto, ya que es obligación de todos conservar este paraje de sumo interés".


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Valle de Guerra lleva esperando trece años por un gran parque arqueológico.

Publicado en:
Periódico El Día.
25 de mayo de 2009.

 D. BARBUZANO, La Laguna


A veces los políticos deberían no dar a conocer ilusiones ni promesas para luego dejarlas en el balcón de los olvidos, porque con ello pueden hacer mucho daño a la población, como sucedió con el anuncio en 1996 de que Valle de Guerra contaría, en la playa de La Barranquera, con un parque arqueológico.

El proyecto tenía un carácter de interés histórico, pues perseguía que La Barranquera contara no sólo con el citado parque arqueológico, sino, además, con un museo del pasado aborigen.

La zona costera del municipio de La Laguna es muy rica en yacimientos arqueológicos, especialmente en La Barranquera, la cual es una de las pocas que permanece inalterable, conservando gran parte de su flora autóctona. Las cuevas de los aborígenes canarios ofrecen un paisaje que puede evocar los tiempos en que los guanches vivían en este lugar, alimentándose de moluscos, según se constató en una excavación en una cueva de El Calabazo.

El proyecto pretendía recuperar el hábitat aborigen, para lo que se tenía previsto una labor de limpieza de toda la zona, así como la reconstrucción de los elementos que presentan deterioro y puedan ser susceptibles de reconstrucción.

El parque arqueológico pretendía convertir la playa de La Barranquera en un lugar de ocio y cultura, donde el visitante pudiera hacer un recorrido por la historia prehispánica.

El Ayuntamiento de La Laguna dijo hace 13 años que los vecinos debían colaborar en el proyecto, por entender que la iniciativa supondría una oferta turística.

El proyecto se complementaba con un museo sobre la cultura de los guanches, enfocado a la difusión del modo de vida y costumbres de los primeros pobladores de Valle de Guerra.

La Barranquera tiene un valor arqueológico importantísimo en lugares como El Apio, El Jurado, El Roquillo, Callao de Marques o Las Carboneras, con presencia de barrancos y elevados riscos donde vivieron los guanches.

La Barranquera perteneció al menceyato de Tegueste, y más concretamente al sector occidental de dicho reino guanche, cuyos habitantes prefirieron combatir al conquistador Alonso Fernández de Lucio antes de subyugarse a la ley que hizo imperar, por lo que a este le han considerado como un bando de guerra.
El aborigen que vivió en La Barranquera practicó el sedentarismo temporal con trashumancia estacional. Durante la primera y gran parte del verano aprovechaba los pastos de la Vega lagunera y parte de la planicie de Los Rodeos, y en invierno regresaba a la costa de Valle de Guerra, por lo que son frecuentes los moluscos, que fueron la solución al problema alimenticio en la costa.

El museo tenía previsto tener en cuenta una gran piedra de molino de El Roquillo, a la que, según la tradición, iban a moler poniéndose de manifiesto la característica comunitaria del núcleo poblacional.

En La Barranquera hay una zona rica en yacimientos arqueológicos, como es la de El Calabazo. El asentamiento está formado por siete cuevas de habitación y la sepulcral. Este último lugar aporta a La Barranquera la presencia del perro, el cerdo y la cabra en el ajuar funerario. El aborigen de la zona utilizó abundante material lítico y esquirlas de obsidiana, que trajo desde el Teide.

Los collares los hizo con cuentas de tipo anular, tubular, cilíndricas y segmentadas, que enhebró con cuerdas torcidas de junco.

Las cuevas de habitación presentan tres partes bien diferenciadas, como la cocina, el lugar de reunión y el sitio para dormir. Es curioso que el guanche que vivió en estas cuevas comió con una cuchara hecha con la concha de la pala conocida como "patella candei".

La concejal de Valle de Guerra, María del Cristo Pérez, dijo que este proyecto es antiguo y que ahopra se trabaja en mejorar el acceso a la playa y dotar a La Barranquera de una plaza y una iglesia.

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