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El vertido en el yacimiento de Valle de Guerra puede multarse con 30.000 euros

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


 D. BARBUZANO, La Laguna
La gran bola formada por basura y residuos tóxicos que se desplaza por la ladera de la zona de El Apio, en Valle de Guerra, con dirección hacia el mar y poniendo en peligro los yacimientos arqueológicos, ha motivado una rápida actuación del Ayuntamiento de La Laguna, consistente en el inicio de un expediente sancionador que podría representar una multa de hasta 30.000 euros para el responsable del vertido.

La zona fue visitada por los concejales de Valle de Guerra, María del Cristo Pérez y Francisco Gutiérrez, y el edil responsable de los Servicios Municipales, Plácido Mejías, quien explicó a EL DÍA lo siguiente: "Una vez que nuestros técnicos analizaron la zona afectada, hemos procedido a denunciar el hecho ante el área de Patrimonio del Cabildo Insular de Tenerife, la Guardia Civil y el Consejo Insular de Aguas".

La única contestación por ahora la ha dado el Consejo Insular de Aguas, que ha dicho que el vertido de basura no es de su competencia por no haber sido realizado en el barranco sino en las laderas.

Plácido Mejías destacó que, por su parte, el Ayuntamiento de La Laguna ha iniciado un expediente sancionador contra los responsables del vertido de basura, "ya que -añadió- aquí se ha producido no sólo un atentado contra el medio natural de Valle de Guerra sino contra una zona declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la zona".

Rechazo unánime.- Los vecinos de Valle de Guerra, tanto mayores como jóvenes, y según pudo constatar ayer este periódico, están muy indignados porque las laderas y los bellos parajes de la costa de Valle de Guerra siempre habían destacado por su limpieza, y ahora han comenzado a convertirse en vertederos incontrolados.

Dos jóvenes señalaron que "la culpa la tenemos nosotros, el pueblo, porque hemos permitido que determinadas personas estén contaminando una zona que se mantiene en su mayor parte tan pura como cuando los aborígenes transitaban estos lugares".

El que fuera importante arqueólogo afincado en Tenerife y responsable del Museo Arqueológico del Cabildo, Luis Diego Cuscoy, escribió mucho del valor arqueológico de Valle de Guerra, así como Juan Álvarez Delgado, que valoró el espacio que va desde la Punta del Viento a la Punta de La Barranquera, donde encontró diez cuevas y seis necrópolis.

Respeto al pasado.- Es de destacar que desde siempre los pescadores han utilizado las cuevas de los guanches para dormir en sus días de pesca, y siempre respetaron dichos lugares por considerarlos sagrados para ellos por ser el lugar donde vivieron sus antepasados.

La sociedad moderna parece que, en ciertas ocasiones, no concede el valor que se merecen los yacimientos arqueológicos. En este caso han sido las fincas de producción agrícola, cuyos propietarios algunos entienden que deberían tener alguna formación cultural, "han tirado basura a una zona de la que siempre hemos estado orgullosos sin saber las consecuencias de contaminación para uno de los parajes con mayor autenticidad de Valle de Guerra y donde la vegetación predominante es el cardón (Euphorbia canariensis), tabaiba (Euphorbia balsamifera), cactus (Cactus opuntic) y tarajal (Tamarix canariensis)".

Hay que indicar que la gran bola de basura, como la han bautizado los valleros, está formada por cables, plásticos y sustancias tóxicas que han propiciado que otros ciudadanos hayan utilizado el lugar como vertedero incontrolado, tirando coches y hasta neveras.

El pueblo considera este hecho como el mayor atentado ambiental que ha sufrido Valle de Guerra.


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El asentamiento aborigen de El Calabazo, el mejor conservado

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


De toda la costa, el asentamiento aborigen mejor conservado es el de El Calabazo, ya que la finca Las Cuevas ha cuidado mucho el no tirar ningún residuo ni basura ni sobre las oquedades ni en las laderas en las que se localizan, una forma de actuar que debería servir de ejemplo para mucho otros empresarios.

Este periódico descendió por un precipicio para ver el estado de este yacimiento arqueológico a más de 100 metros sobre el nivel del mar, en cuyas orillas se alzan esbeltos parajes rocosos horados con frecuencia como es el caso de El Jurado.

Este yacimiento de El Calabazo está formado por siete cuevas, lo cual revela una característica del hábitat guanche, como es su concentración, donde la mano del hombre sólo intervino para construir muros de piedra seca que lo protegieran de los vientos dominantes. Además, cuenta con una cueva sepulcral.

Mayor concienciación

Los vecinos de la zona dijeron que había que ser más conscientes porque han visto tirar basura a este asentamiento aborigen. La verdad es que se encuentra bastante bien conservado, pero se ve ya la presencia de la basura aunque en pequeñas cantidades y debido a la falta de mentalización de los senderistas.
En primer lugar, en el suelo hay gran cantidad de cartuchos dejados por los cazadores. Luego, se encuentran tubos y trozos de láminas de plancha. También los senderistas han dejado muchas lonas y zapatos que bien pudieron llevarse consigo, así como trozos de láminas de hierro.

A lo anterior se suma la falta de mantenimiento con árboles secos que, en este caso, ponen la nota antiestética, concretamente en el acceso a la cueva de enterramiento, cuyo ajuar funerario según las crónicas estuvo formado por collares, colmillos de cerdo, cerámicas y punzones.


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Valle de Guerra lleva esperando trece años por un gran parque arqueológico.

Publicado en:
Periódico El Día.
25 de mayo de 2009.

 D. BARBUZANO, La Laguna


A veces los políticos deberían no dar a conocer ilusiones ni promesas para luego dejarlas en el balcón de los olvidos, porque con ello pueden hacer mucho daño a la población, como sucedió con el anuncio en 1996 de que Valle de Guerra contaría, en la playa de La Barranquera, con un parque arqueológico.

El proyecto tenía un carácter de interés histórico, pues perseguía que La Barranquera contara no sólo con el citado parque arqueológico, sino, además, con un museo del pasado aborigen.

La zona costera del municipio de La Laguna es muy rica en yacimientos arqueológicos, especialmente en La Barranquera, la cual es una de las pocas que permanece inalterable, conservando gran parte de su flora autóctona. Las cuevas de los aborígenes canarios ofrecen un paisaje que puede evocar los tiempos en que los guanches vivían en este lugar, alimentándose de moluscos, según se constató en una excavación en una cueva de El Calabazo.

El proyecto pretendía recuperar el hábitat aborigen, para lo que se tenía previsto una labor de limpieza de toda la zona, así como la reconstrucción de los elementos que presentan deterioro y puedan ser susceptibles de reconstrucción.

El parque arqueológico pretendía convertir la playa de La Barranquera en un lugar de ocio y cultura, donde el visitante pudiera hacer un recorrido por la historia prehispánica.

El Ayuntamiento de La Laguna dijo hace 13 años que los vecinos debían colaborar en el proyecto, por entender que la iniciativa supondría una oferta turística.

El proyecto se complementaba con un museo sobre la cultura de los guanches, enfocado a la difusión del modo de vida y costumbres de los primeros pobladores de Valle de Guerra.

La Barranquera tiene un valor arqueológico importantísimo en lugares como El Apio, El Jurado, El Roquillo, Callao de Marques o Las Carboneras, con presencia de barrancos y elevados riscos donde vivieron los guanches.

La Barranquera perteneció al menceyato de Tegueste, y más concretamente al sector occidental de dicho reino guanche, cuyos habitantes prefirieron combatir al conquistador Alonso Fernández de Lucio antes de subyugarse a la ley que hizo imperar, por lo que a este le han considerado como un bando de guerra.
El aborigen que vivió en La Barranquera practicó el sedentarismo temporal con trashumancia estacional. Durante la primera y gran parte del verano aprovechaba los pastos de la Vega lagunera y parte de la planicie de Los Rodeos, y en invierno regresaba a la costa de Valle de Guerra, por lo que son frecuentes los moluscos, que fueron la solución al problema alimenticio en la costa.

El museo tenía previsto tener en cuenta una gran piedra de molino de El Roquillo, a la que, según la tradición, iban a moler poniéndose de manifiesto la característica comunitaria del núcleo poblacional.

En La Barranquera hay una zona rica en yacimientos arqueológicos, como es la de El Calabazo. El asentamiento está formado por siete cuevas de habitación y la sepulcral. Este último lugar aporta a La Barranquera la presencia del perro, el cerdo y la cabra en el ajuar funerario. El aborigen de la zona utilizó abundante material lítico y esquirlas de obsidiana, que trajo desde el Teide.

Los collares los hizo con cuentas de tipo anular, tubular, cilíndricas y segmentadas, que enhebró con cuerdas torcidas de junco.

Las cuevas de habitación presentan tres partes bien diferenciadas, como la cocina, el lugar de reunión y el sitio para dormir. Es curioso que el guanche que vivió en estas cuevas comió con una cuchara hecha con la concha de la pala conocida como "patella candei".

La concejal de Valle de Guerra, María del Cristo Pérez, dijo que este proyecto es antiguo y que ahopra se trabaja en mejorar el acceso a la playa y dotar a La Barranquera de una plaza y una iglesia.

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