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Publicado en:
La Opinión de Tenerife
12 de diciembre de 2010.


El historiador José Farrujia critica que "todo el esfuerzo se centra en conservar el patrimonio de las clases dominantes y la cultura de los dominados se ignora"


El inconsciente colectivo de los laguneros tiene grabadas a fuego la silueta de la torre de La Concepción, el faro de Bajamar o la escultura del Padre Anchieta como una especie de totems identitarios de la cultura popular. Sin embargo, si se le pidiera a cualquier vecino que visualizara algo relacionado con el patrimonio guanche en el municipio, seguro que sería difícil conseguir alguna imagen y si así fuera, sería raro que pudiera ponerle un escenario definido aunque esos escenarios existen. Aguere alberga más de un centenar de yacimientos arqueológicos que se encuentran en estado de abandono.

Esta contradictoria realidad fue expuesta por José Farrujia, doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna, durante la conferencia que ofreció esta semana bajo el título Arqueología guanche en el patrimonio de La Laguna, dentro del calendario de actos conmemorativos del XI aniversario de la declaración de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad, que organizó la Asociación de Vecinos del Casco Histórico.

En su intervención, Farrujia aseguró que el municipio "posee yacimientos con la suficiente entidad patrimonial como para abrir diversos parques arqueológicos", pero se lamentó de que todos los esfuerzos del municipio se hayan centrado en recuperar el patrimonio histórico, más todavía desde la declaración de la Unesco, en 1999.

"Lo que se conserva es la historia de las clases dominantes, las casonas, los palacetes, las iglesias, pero raramente se hace algo por preservar la historia de los dominados. Esto nos lleva a perder todas aquellas creaciones culturales que no fueron asimiladas por las élites. En el fondo, parece que tuviéramos amnesia de nuestra historia y de nuestra identidad", recalcó.

El experto afirmó que el último inventario arqueológico del municipio se hizo en 1989. Ese documento confirma la abundante riqueza de restos aborígenes que atesoran los yacimientos del municipio. Su estudio permitiría conocer más sobre sus costumbres y creencias y compararlas con las del resto de los aborígenes de la Isla. Pero paradójicamente el 90% de estos enclaves no han sido investigados, algo que Farrujia achacó a la falta de voluntad política.

Muchas de estas reliquias están a la intemperie y no cuentan con medidas de protección o señalización de ningún tipo. Esto expone a los recursos a la erosión medioambiental y al expolio por parte de ciertos desaprensivos. Muchos otros parajes, en cambio, han quedado sepultados. Con el paso de los siglos, los movimientos de tierras e incluso la construcción de nuevos núcleos poblacionales los han enterrado. Esto sucede en Tejina, por ejemplo, donde se sabe que antiguos poblados guanches han quedado debajo de las actuales construcciones. El historiador José Farrujia teme que de mantenerse esta indiferencia por parte de la Administración, ciertas facetas que definen la historia y la identidad de los pobladores originarios de esta zona de Tenerife "se pierdan para siempre por su mala conservación y no podamos comprobar si sus costumbres repetían los patrones que hemos observado en el resto de la Isla".

En este sentido, El Hierro, La Palma y Gran Canaria siguen una política radicalmente opuesta. En ellas hay parques arqueológicos desde los que se realiza una gran labor de divulgación. El caso más puntero es el del complejo de la Cueva Pintada, en Gáldar. También otras ciudades Patrimonio de la Humanidad, como Salamanca con su estación de arte rupestre de la Siega Verde, ponen en valor su pasado.

Para Farrujia, el modelo de Salamanca podría trasladarse a La Laguna. Pero se muestra escéptico. Según un estudio que menciona este investigador, realizado en los noventa por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Histórico-Artísticos (ICOMOS), se revela que en Europa las ciudades históricas, los monumentos religiosos, el cristianismo y la arquitectura "elitista" están todos sobrerepresentados en la lista de Patrimonio Mundial.

"Lo que nos pasa es fiel reflejo de lo que sucede en otras muchas ciudades europeas en las que la arqueología y las culturas vivas están infravaloradas", se queja el experto y añade: "Nuestros tesoros arqueológicos están dispersos por los barrios. Tenemos hitos en Tejina, Valle de Guerra, Bajamar y Punta del Hidalgo y deberíamos aprovechar esa dispersión que tiene la virtud de descentralizar la gestión y el disfrute del patrimonio".

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De Bien Cultural a basurero

Publicado en:
La Opinión de Tenerife.
20 de septiembre de 2010.


Desde la otra punta de la costa, las paredes del acantilado parecen compactas. Nadie se puede imaginar que las tabaibas dulces, los tarajales y los cardones se encarguen de ocultar un yacimiento arqueológico declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Zona Arqueológica en 2005.

La declaración, realizada por el Gobierno canario para intentar conservar este espacio en la costa de Valle de Guerra, parece que no está cumpliendo su función puesto que en el interior de estas oquedades junto a las conchas de las lapas y los escasos restos de cerámica guanches se descomponen una nevera de gran tamaño, latas, colillas y hasta los muelles de una cama.

Quizás los antiguos pobladores eligieron La Barranquera no sólo porque tenían agua en abundancia. Se trata de una zona rica en vegetación donde los animales podían alimentarse, que les permitía acercarse al mar a coger lapas y también estar protegidos en un lugar de difícil acceso . De hecho, sigue siendo llegara al yacimiento, por lo que debe ser más complicado llevar hasta allí una nevera o parte de una cama.

El Ayuntamiento de La Laguna ha realizado varias campañas de limpieza esta zona protegida para retirar los desperdicios que se han podido ir acumulando debido a la proximidad de los invernaderos, campistas, pescadores y, sobre todo, gente que tira su basura en cualquier parte.
Además, a la acción humana hay que sumar que las aves de la zona han convertido estas oquedades naturales en el lugar perfecto para establecer sus nidos, comer y dejar sus excrementos, los que se mezclan con las conchas y los restos de las vasijas guanches.

Cuadrillas
"Varias cuadrillas ya han estado retirando basura de esta zona. El año pasado, fueron tres o cuatro cuadrillas las que trabajaron aquí y ahora tenemos a un nuevo grupo que se va a encargar de limpiar lo que faltó", explicó el concejal de la zona de Valle de Guerra, Francisco Gutiérrez.

A lo largo de esta costa existen distintos grupos de cuevas aborígenes que sirvieon para conservar los alimentos, guardar a los muertos y encontrar cobijo. Uno de ellos es conocido como El Calabazo, formado por siete cuevas, utilizadas como viviendas por los guanches, y otras dos cavidades más, que eran empleadas para proteger a sus momias.

A pesar de que fueron expoliadas, se han hallado en su interior abundantes restos de cerámica, fragmentos de huevos y herramientas fabricadas en piedra. También se recuperaron restos humanos y cuentas que los aborígenes empleaban para hacer los collares.
Estas no son las únicas, ya que a lo largo del acantilado existen diversos asentamientos dispersos ´desde la playa del Roquillo hasta el barranco de Chamorro.

Así, en la misma playa del Roquillo se han registrado más de una decena de cuevas naturales, con abundantes vestigios materiales y signos de que han sido utilizadas hasta hace algunos años Además, en esta zona también se han localizado un grupo importante de cabañas que fueron empleadas por los aborígenes.

La importancia arqueológica de este yacimiento prehistórico y su declaración como Bien de Interés Cultural deberían ser impedimentos suficientes para que los ciudadanos no arrojen allí su basura.

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El olvido de El Calabazo

La Opinión de Tenerife, 12 de julio de 2010.

Los vecinos de Valle Guerra esperan por el museo aborigen prometido hace 14 años

ELOY VERA 
Cuevas prehispánicas reutilizadas durante siglos, enterramientos funerarios y restos de material en superficie que sirven para atestiguar el paso de los antiguos canarios hacen del yacimiento aborigen de El Calabazo, en Valle de Guerra, uno de los más importantes del municipio. Sin embargo, los continuos vertidos lo convierten en un basurero que pone en peligro esta zona arqueológica. Los esfuerzos del Ayuntamiento por limpiar el lugar chocan con la falta de civismo de aquellos que optan por tomarlo como su peculiar "punto de reciclaje".

En 1996, La Laguna celebró el quinto centenario de su fundación. Ante la efeméride, el Consistorio decidió convertir la zona de El Calabazo en un gran parque arqueológico. La promesa sigue sin cumplirse 14 años después mientras el Ayuntamiento afirma que es el Cabildo el que tiene la última palabra sobre su futuro.

De momento, ha sido catalogado Bien de Interés Cultural con categoría de zona arqueológica en 2005, una protección que no lo salva del riesgo de que parte del material que se encuentra en superficie pueda ser saqueado. A ello se unen los vertidos que realizan los ciudadanos en el lugar. Desde electrodomésticos a escombros o restos de aceite han sido una constante en la zona de La Barranquera, lugar donde se encuentra el yacimiento.

El Ayuntamiento ha realizado diversas campañas de limpieza. En la última, retiró más de una tonelada de basura. Sin embargo, pronto empezó a aparecer de nuevo algún frigorífico al lado de trozos de cerámica o cuentas de collares de piedra. El grupo de Gobierno Municipal asegura que no tienen constancia de que haya vertidos en la zona.

Sin museo

El concejal socialista en La Laguna, Yeray Rodríguez, considera "inadmisible" que, en este lugar, aún no se haya realizado el parque arqueológico. "Prometieron hace 14 años esta actuación y sigue sin realizarse", explica Rodríguez quien no duda en asegurar que "este espacio museístico puede servir como un atractivo más para el municipio y revitalizar todo Valle de Guerra".

Sin embargo, el proyecto no pasa por el mejor de los momentos. La crisis y el recorte de las partidas presupuestarias en áreas como Cultura hacen aún más difícil que esta iniciativa vea la luz.

Rodríguez alerta del peligro que puede suponer que se atente en una de las siete cuevas que conforman el yacimiento. "Si al menos hicieran el museo tendría una seguridad que evitaría los saqueos", añade.

En los años ochenta, varios arqueólogos de la Universidad de La Laguna realizaron un estudio de campo en la zona. Estos investigadores encontraron siete cuevas con varios compartimentos que sirvieron como dependencias de los antiguos aborígenes.

Los estudiosos también hallaron un enterramiento funerario con restos óseos tanto humanos como de animales y numeroso material en superficie tales como restos de cerámica, lascas de basalto o cuentas de collares.

La conservadora del Organismo Autónomo de Museos, Candelaria Rosario, considera que la importancia de El Calabazo radica en que "las cuevas tienen una importante potencia estratigráfica, es decir, hay sedimentos con tierra en los que se pueden hacer cortes y realizar pruebas para datar cronológicamente el yacimiento". De momento, estos estudios no se han llevado a cabo.

Tras la conquista, estas cuevas fueron reutilizadas hasta hace unas décadas como lugar de cobijo de pastores y pescadores de Valle de Guerra. "Desgraciadamente, estas actuaciones han motivado que se pierda mucha información sobre la historia de este poblado", matiza la arqueóloga.
Pero no sólo El Calabazo está pendiente de convertirse en un gran parque arqueológico, la playa de La Barranquera espera un proyecto de regeneración que también afectaría a las viejas infraestructuras del muelle.

El vertido en el yacimiento de Valle de Guerra puede multarse con 30.000 euros

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


 D. BARBUZANO, La Laguna
La gran bola formada por basura y residuos tóxicos que se desplaza por la ladera de la zona de El Apio, en Valle de Guerra, con dirección hacia el mar y poniendo en peligro los yacimientos arqueológicos, ha motivado una rápida actuación del Ayuntamiento de La Laguna, consistente en el inicio de un expediente sancionador que podría representar una multa de hasta 30.000 euros para el responsable del vertido.

La zona fue visitada por los concejales de Valle de Guerra, María del Cristo Pérez y Francisco Gutiérrez, y el edil responsable de los Servicios Municipales, Plácido Mejías, quien explicó a EL DÍA lo siguiente: "Una vez que nuestros técnicos analizaron la zona afectada, hemos procedido a denunciar el hecho ante el área de Patrimonio del Cabildo Insular de Tenerife, la Guardia Civil y el Consejo Insular de Aguas".

La única contestación por ahora la ha dado el Consejo Insular de Aguas, que ha dicho que el vertido de basura no es de su competencia por no haber sido realizado en el barranco sino en las laderas.

Plácido Mejías destacó que, por su parte, el Ayuntamiento de La Laguna ha iniciado un expediente sancionador contra los responsables del vertido de basura, "ya que -añadió- aquí se ha producido no sólo un atentado contra el medio natural de Valle de Guerra sino contra una zona declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la zona".

Rechazo unánime.- Los vecinos de Valle de Guerra, tanto mayores como jóvenes, y según pudo constatar ayer este periódico, están muy indignados porque las laderas y los bellos parajes de la costa de Valle de Guerra siempre habían destacado por su limpieza, y ahora han comenzado a convertirse en vertederos incontrolados.

Dos jóvenes señalaron que "la culpa la tenemos nosotros, el pueblo, porque hemos permitido que determinadas personas estén contaminando una zona que se mantiene en su mayor parte tan pura como cuando los aborígenes transitaban estos lugares".

El que fuera importante arqueólogo afincado en Tenerife y responsable del Museo Arqueológico del Cabildo, Luis Diego Cuscoy, escribió mucho del valor arqueológico de Valle de Guerra, así como Juan Álvarez Delgado, que valoró el espacio que va desde la Punta del Viento a la Punta de La Barranquera, donde encontró diez cuevas y seis necrópolis.

Respeto al pasado.- Es de destacar que desde siempre los pescadores han utilizado las cuevas de los guanches para dormir en sus días de pesca, y siempre respetaron dichos lugares por considerarlos sagrados para ellos por ser el lugar donde vivieron sus antepasados.

La sociedad moderna parece que, en ciertas ocasiones, no concede el valor que se merecen los yacimientos arqueológicos. En este caso han sido las fincas de producción agrícola, cuyos propietarios algunos entienden que deberían tener alguna formación cultural, "han tirado basura a una zona de la que siempre hemos estado orgullosos sin saber las consecuencias de contaminación para uno de los parajes con mayor autenticidad de Valle de Guerra y donde la vegetación predominante es el cardón (Euphorbia canariensis), tabaiba (Euphorbia balsamifera), cactus (Cactus opuntic) y tarajal (Tamarix canariensis)".

Hay que indicar que la gran bola de basura, como la han bautizado los valleros, está formada por cables, plásticos y sustancias tóxicas que han propiciado que otros ciudadanos hayan utilizado el lugar como vertedero incontrolado, tirando coches y hasta neveras.

El pueblo considera este hecho como el mayor atentado ambiental que ha sufrido Valle de Guerra.


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El asentamiento aborigen de El Calabazo, el mejor conservado

Publicado en:
Periódico El Día. 
14 de octubre de 2009.


De toda la costa, el asentamiento aborigen mejor conservado es el de El Calabazo, ya que la finca Las Cuevas ha cuidado mucho el no tirar ningún residuo ni basura ni sobre las oquedades ni en las laderas en las que se localizan, una forma de actuar que debería servir de ejemplo para mucho otros empresarios.

Este periódico descendió por un precipicio para ver el estado de este yacimiento arqueológico a más de 100 metros sobre el nivel del mar, en cuyas orillas se alzan esbeltos parajes rocosos horados con frecuencia como es el caso de El Jurado.

Este yacimiento de El Calabazo está formado por siete cuevas, lo cual revela una característica del hábitat guanche, como es su concentración, donde la mano del hombre sólo intervino para construir muros de piedra seca que lo protegieran de los vientos dominantes. Además, cuenta con una cueva sepulcral.

Mayor concienciación

Los vecinos de la zona dijeron que había que ser más conscientes porque han visto tirar basura a este asentamiento aborigen. La verdad es que se encuentra bastante bien conservado, pero se ve ya la presencia de la basura aunque en pequeñas cantidades y debido a la falta de mentalización de los senderistas.
En primer lugar, en el suelo hay gran cantidad de cartuchos dejados por los cazadores. Luego, se encuentran tubos y trozos de láminas de plancha. También los senderistas han dejado muchas lonas y zapatos que bien pudieron llevarse consigo, así como trozos de láminas de hierro.

A lo anterior se suma la falta de mantenimiento con árboles secos que, en este caso, ponen la nota antiestética, concretamente en el acceso a la cueva de enterramiento, cuyo ajuar funerario según las crónicas estuvo formado por collares, colmillos de cerdo, cerámicas y punzones.


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Vertidos de basura ponen en peligro ricos yacimientos arqueológicos del litoral

Publicado en:
Periódico El Día. 
11 de octubre de 2009.


 D. BARBUZANO, La Laguna


Los yacimientos arqueológicos de Valle de Guerra, de gran importancia histórica, están siendo objeto de un atentado que los pone en peligro por parte de los propietarios de fincas próximas que, sin ningún tipo de conciencia ni de respeto al pueblo aborigen, según afirman vecinos, están tirando toda clase de basura y residuos tóxicos, llegando incluso a tapar una serie de cuevas, que las autoridades municipales o insulares deberían proteger, además de crear un sendero para que el pueblo admire los asentamientos guanches existentes.

Entre estos yacimientos afectados se encuentra el conocido como El Calabazo, que está formado por seis cuevas de habitación y una de enterramiento. Los yacimientos aborígenes de la costa de Valle de Guerra pertenecieron al menceyato de Tegueste, el cual fue integrado por unos guanches que, dada su fortaleza, pertenecieron a un bando de guerra.

Los aborígenes de esta zona costera pasaban el invierno en Valle de Guerra para trasladarse en primavera y en el verano a los pastos de la Vega lagunera o a la planicie de Los Rodeos.

Este grave atentado contra los yacimientos aborígenes de la costa de Valle de Guerra ha motivado que diferentes colectivos culturales de dicho pueblo hayan denunciado a EL DÍA que "aquí se está cometiendo no sólo una falta muy grave contra los orígenes del pueblo canario, sino un atentado contra la naturaleza que se conserva en su estado virgen primitivo y contra unas cuevas en las que aún reposan los huesos de los guanches".

En este sentido, valleros indignados explicaron a este periódico que "los últimos reductos de los aborígenes guanches en el municipio de La Laguna se encuentran en la costa de Valle de Guerra. Es una ladera que comienza en La Barranquera y acaba en la Punta del Viento (El Pris, Tacoronte). En esta costa se localizan las cuevas de El Roquillo, Punta del Jurado, El Calabazo, Barranco del Chamorro, El Apio, Punta la Romba, Caleta del Palo, Caleta Honda, La Fuentecilla y La Punta del Viento. Toda esta zona tiene cuevas catalogadas y muchas de ellas aún no están descubiertas". Añadieron que "esta es una de las zonas más vírgenes de Valle de Guerra, donde aún se conserva la flora y fauna autóctona del territorio".

Los vecinos denuncian que "los propietarios de las fincas próximas a esta zona han ido invadiendo el territorio y vertiendo residuos tóxicos y basuras sin control, perjudicando, con ello, el entorno medioambiental".
El ejemplo de deterioro más significativo que ponen como ejemplo se encuentra en Barranco del Chamorro, Punta de La Romba y Caleta el Palo, cuyos accesos han sido cerrados y donde los volúmenes de basura son de tales dimensiones que alcanzan 60 metros de ancho y 100 de largo, aproximadamente.

Este tipo de basura está compuesta principalmente por plásticos rígidos de difícil descomposición que, con ayuda del viento y del clima, perjudican y destruyen lo que encuentran a su paso, dejando las tabaibas, una de las especies que más abundan, en muy mal estado. En el barranco de La Caleta se encuentra la cueva de Don Gaspar, cuya entrada en arco de piedra tallada (única en la zona) está siendo taponada por un vertido de escombros procedentes de una finca cercana".

Otro problema añadido es la construcción de un muro de grandes dimensiones que divide las playas de El Calabazo y de El Apio, impidiendo el paso a los usuarios en los meses de mar gruesa e incumpliendo la Ley de Costas.

Según los denunciantes, al parecer "no sólo las fincas ocasionan este problema, sino que también los propios usuarios deterioran la costa dejando basuras como latas, pilas, cristales, plásticos y hasta neveras y coches. Además, se sigue practicando la pesca incontrolada con el uso de redes (trasmallos), submarina con botella y de dinamita".

Varios valleros pertenecientes a diferentes colectivos culturales, en un informe realizado, afirman que "es inexplicable cómo las autoridades han permitido arrojar vertidos a estas laderas y barrancos de la costa de Valle de Guerra. Si esta costa fuera declarada área protegida marina y terrestre, podríamos hablar de un futuro con más perspectivas de desarrollo pesquero y medioambiental, sin olvidar el alto valor antropológico para la investigación aborigen".

Los colectivos "esperamos que aquellas personas que lean este artículo y se den por aludidas, antes de hacer una crítica no constructiva, piensen razonablemente sobre el tema y luchen por este gran patrimonio natural que se encuentra en Valle de Guerra. Se espera que las autoridades competentes como son el Ayuntamiento de La Laguna, el Ayuntamiento de Tacoronte, el Cabildo, Costas y Medio Ambiente tomen cartas en el asunto, ya que es obligación de todos conservar este paraje de sumo interés".


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