De Bien Cultural a basurero

Publicado en:
La Opinión de Tenerife.
20 de septiembre de 2010.


Desde la otra punta de la costa, las paredes del acantilado parecen compactas. Nadie se puede imaginar que las tabaibas dulces, los tarajales y los cardones se encarguen de ocultar un yacimiento arqueológico declarado Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Zona Arqueológica en 2005.

La declaración, realizada por el Gobierno canario para intentar conservar este espacio en la costa de Valle de Guerra, parece que no está cumpliendo su función puesto que en el interior de estas oquedades junto a las conchas de las lapas y los escasos restos de cerámica guanches se descomponen una nevera de gran tamaño, latas, colillas y hasta los muelles de una cama.

Quizás los antiguos pobladores eligieron La Barranquera no sólo porque tenían agua en abundancia. Se trata de una zona rica en vegetación donde los animales podían alimentarse, que les permitía acercarse al mar a coger lapas y también estar protegidos en un lugar de difícil acceso . De hecho, sigue siendo llegara al yacimiento, por lo que debe ser más complicado llevar hasta allí una nevera o parte de una cama.

El Ayuntamiento de La Laguna ha realizado varias campañas de limpieza esta zona protegida para retirar los desperdicios que se han podido ir acumulando debido a la proximidad de los invernaderos, campistas, pescadores y, sobre todo, gente que tira su basura en cualquier parte.
Además, a la acción humana hay que sumar que las aves de la zona han convertido estas oquedades naturales en el lugar perfecto para establecer sus nidos, comer y dejar sus excrementos, los que se mezclan con las conchas y los restos de las vasijas guanches.

Cuadrillas
"Varias cuadrillas ya han estado retirando basura de esta zona. El año pasado, fueron tres o cuatro cuadrillas las que trabajaron aquí y ahora tenemos a un nuevo grupo que se va a encargar de limpiar lo que faltó", explicó el concejal de la zona de Valle de Guerra, Francisco Gutiérrez.

A lo largo de esta costa existen distintos grupos de cuevas aborígenes que sirvieon para conservar los alimentos, guardar a los muertos y encontrar cobijo. Uno de ellos es conocido como El Calabazo, formado por siete cuevas, utilizadas como viviendas por los guanches, y otras dos cavidades más, que eran empleadas para proteger a sus momias.

A pesar de que fueron expoliadas, se han hallado en su interior abundantes restos de cerámica, fragmentos de huevos y herramientas fabricadas en piedra. También se recuperaron restos humanos y cuentas que los aborígenes empleaban para hacer los collares.
Estas no son las únicas, ya que a lo largo del acantilado existen diversos asentamientos dispersos ´desde la playa del Roquillo hasta el barranco de Chamorro.

Así, en la misma playa del Roquillo se han registrado más de una decena de cuevas naturales, con abundantes vestigios materiales y signos de que han sido utilizadas hasta hace algunos años Además, en esta zona también se han localizado un grupo importante de cabañas que fueron empleadas por los aborígenes.

La importancia arqueológica de este yacimiento prehistórico y su declaración como Bien de Interés Cultural deberían ser impedimentos suficientes para que los ciudadanos no arrojen allí su basura.

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