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Una vida infatigable

Publicado en:
Diario de Avisos
27 de marzo de 2011.

Concha Mendoza González es una mujer inquieta y trabajadora que, a pesar de sus 79 años, sigue luchando por mejorar su pueblo, Valle de Guerra, y la vida de sus vecinos.

En reconocimiento a este trabajo y a su labor frente a la Asociación de Amas de Casa de Valle de Guerra, desde hace más de 35 años ya, el pleno del Ayuntamiento de La Laguna aprobó, el pasado 10 de marzo, que una calle del pueblo lleve su nombre, la primera con nombre de mujer. La iniciativa surgió desde un grupo de vecinos y varias entidades sociales, como esta misma asociación.

"Todavía no me lo creo porque nunca me lo esperé, pero es muy importante para una persona. Me siento orgullosa porque le voy a dejar a mis hijos algo importante", manifiesta con orgullo Concha Mendoza.

Esta vecina nació en Valle de Guerra en 1932 y es la segunda de cuatro hermanos, en una familia en la que su madre se dedicaba a la costura y su padre trabajaba en el empaquetado de tomates. Concha ha sido siempre una mujer curiosa y con ganas de aprender. Durante dos años estuvo estudiando en el Instituto Cabrera Pinto pero en torno a los 13 años tuvo que dejar los estudios y ponerse a trabajar. "En aquellos años era difícil ir a La Laguna pero siempre he tenido ganas de aprender", enfatiza.

A partir de ahí comenzó a trabajar en los recibidores de los tomates y luego, con 16 años, tuvo la oportunidad de sustituir durante un año a una profesora en una escuela pública. Después siguió trabajando como costurera, y con 21 años conoció a su marido, José Rodríguez, con quien tuvo cuatro hijos. "Nos conocimos en un baile en el cine el día de San Juan. Era muy guapo y fue muy buena persona. Siempre me dejó hacer lo que yo quisiera", recuerda con cariño.

El marido de Concha trabajaba haciendo puros hasta que la pareja decidió irse a Venezuela, donde estuvieron seis años, porque "aquí no había mucho trabajo y se ganaba muy poco". "Me gustaba Venezuela, es preciosa, pero no me gustaba el ambiente que había con coches quemados, el ejército en la calle, la gente corriendo por las revueltas… Nos queríamos marchar a nuestra tierra". Y la suerte se puso de su parte cuando "mi marido se sacó un poco de dinero en una carrera de caballos". Gracias a esto pudieron volver e ir terminando poco a poco la casa que habían comenzado a construir en Valle de Guerra antes de marcharse a Venezuela, y donde aún vive Concha.

De vuelta ya en Tenerife, su marido volvió a trabajar haciendo puros y Concha realizó muchas y diferentes tareas. Crió a sus cuatro hijos pero también abrió una pequeña venta, un sitio de comidas y enseñó en su propia casa a niños de diferentes edades a leer y escribir. Además, durante 14 años impartió clases como monitora en una escuela taller en los diferentes barrios de La Laguna. "Mi vida ha sido siempre un ajetreo y siempre haciendo cosas. No puedo estarme parada". Concha se ha apuntado a multitud de cursos y actividades y ha trabajado siempre por ayudar al pueblo.

Concha Mendoza reconoce que en estos 79 años "el pueblo ha cambiado mucho", ha ido creciendo, se han ido logrando mejoras y ahora está "muy bonito, da gusto". Destaca especialmente el centro ciudadano y todas las actividades que se pueden realizar allí. Sin embargo, echa en falta el ambiente familiar que había antes en el pueblo. "Nos sentábamos juntos y nos poníamos a hablar de todo y comentábamos las noticias. Era muy bonito", rememora.

El pasado de un pueblo como Valle de Guerra, en el término municipal de La Laguna, ha quedado plasmado, a través de los ojos y vivencias de esta mujer, en un libro publicado en 2009, y escrito por los periodistas Cirilo Leal y Rafael Lutzardo, titulado Recuerdos valleros de Concha Mendoza.

La Asociación de Amas de CasaLa Asociación de Amas de Casa de Valle Guerra se fundó en el año 1975, cuando unas cien mujeres del pueblo se unieron para "pedir cosas culturales y sociales y para que no se perdieran las tradiciones", explica Concha Mendoza, quien ha estado al frente de esta asociación desde hace ya 35 años. Una asociación que nació con el afán de hacer crecer al pueblo y mejorar las condiciones de vida de sus vecinos. Estas cien mujeres lucharon por traer dos nuevos colegios al pueblo. En la década de los 80 lograron, junto a la Asociación de Vecinos, el alumbrado público para la zona y traer una sede de la Caja de Ahorros, un camión de recogida de basura, la limpieza de plazas y jardines, la restauración del cementerio y el ensanche del puente. Además de muchos más logros, de la realización de múltiples actividades sociales, culturales, formativas y de la ayuda continua hacia los más necesitados del pueblo. En la actualidad, la asociación cuenta con unas 70 mujeres y Concha lamenta que la juventud no se anime a unirse. "No les interesa la cultura", apunta. Esta asociación ha logrado múltiples galardones y reconocimientos a lo largo de su trayectoria, como las medallas de Oro y Plata con las que Agrocanarias la distinguió. El periodista Domingo J. Jorge recogió en un libro, publicado en 2010, los 35 años de esta asociación, que tanto ha hecho por Valle de Guerra.

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Concha la infatigable

Publicado en:
La Opinión de Tenerife
30 de enero de 2011.



Valle de Guerra pide una calle para una mujer que ha hecho de todo por el pueblo



ALMUDENA CRUZ
Concha Mendoza (1932) no se siente merecedora de una calle. El homenaje, explica, debería ser para "todos los hombres y mujeres de este pueblo que tanto han trabajado por salir adelante". Sin embargo, pese a su humildad, los vecinos de esta mujer atrevida y generosa han decidido que ha llegado el momento de reconocerle, con esa distinción, toda una vida dedicada al trabajo, a su pueblo y a amar intensamente a su familia. La propuesta ha llegado al Ayuntamiento y cuenta ya con el aval del cariño de todos sus vecinos.



Concha mantiene abierta la puerta de su casa. Ha sido siempre así, incluso antes de que decidiera crear una pequeña escuela donde muchos de sus vecinos aprendieron a leer y escribir. "Todo el pueblo ha pasado por mis clases", explica sonriente mientras sujeta los dos libros que ha publicado en colaboración con sus amigos Rafael Lutzardo y Cirilo Leal.

Esta vallera de "pura cepa" ha sido maestra, costurera, cocinera, dependienta y, además de cuidar y criar a cuatro hijos, ha tenido tiempo para luchar por mejorar los equipamientos de su pueblo y hasta de jurar bandera. Toda la vida, sin embargo, le resulta a esta optimista nata muy poco tiempo para cumplir con todos sus objetivos. Cada día cuida de su casa, hace ejercicio y reparte su tiempo entre la Asociación de Amas de Casa Atlántida, la lectura y la escritura.

"Soy vallera y aquí me muero", indica con determinación cuando se le pregunta si se siente orgullosa del trabajo realizado. Junto a sus compañeras de la Asociación de Amas de Casa, que el año pasado cumplió 35 años desde su constitución, empezó a moverse para conseguir logros que iban más allá de los cometidos que por aquel entonces estaban socialmente bien vistos para la mujer. "Pese a que todavía no podíamos porque estábamos en la dictadura, nos reuníamos en el antiguo cine y, en ocasiones especiales, íbamos todas juntas a merendar. La gente que estaba en los bares salía a vernos", indica.No obstante, Concha y muchas de sus compañeras contaban con el apoyo inestimable y la ayuda de sus maridos. "Mi esposo ha sido el lazarillo de mi vida, siempre estuvimos juntos y fuimos muy felices. Fue una historia de amor realmente preciosa", recuerda emocionada.

La vecina de Valle de Guerra y sus compañeras de la asociación lograron, entre otros méritos, que la primera caja de ahorros se instalara en el pueblo o que se colocaran los primeros contenedores para la basura. "Todos los alcaldes de La Laguna se han portado muy bien con nosotras", recuerda.

Concha Mendoza y sus amigas han reunido ropa y alimentos, han organizado exposiciones y han luchado por los necesitados. Las cosas, tres décadas después, parece que no son tan distintas –en algunos aspectos– a lo que ocurría en 1975. "Los pobres siguen siendo pobres y siguen sin tener alas para volar", comenta entristecida. Ella misma tuvo que emigrar en la década de los cincuenta hasta Venezuela, donde trabajó en una fábrica de pantalones. "Mi marido fue primero y después, pasados dos años, yo le acompañé. Fueron nueve días de travesía que nunca olvidaré", rememora.

El mayor tesoro de esta vallera incansable, además de su familia (que completan siete nietos y un bisnieto) es su propia memoria. Lee, escribe e investiga entre las fotos antiguas que atesora porque sabe que, tras el paso del tiempo, quedan los recuerdos hermosos y desaparecen los más tristes. "A pesar de todo, volvería sin pensarlo a vivir aquélla época", sentencia. El amor por enseñar a los demás todo lo que sabe es una de las mayores virtudes de esta entrañable vecina a la que sus conciudadanos quieren ahora reconocer con una calle en su honor.

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Laguneros - Concha Mendoza

Las amas de casa llevan 35 años de acciones sociales en el barrio

Publicado en:
Periódico El Día
1 de agosto de 2010.

D. BARBUZANO, La Laguna
La Asociación de Amas de Casa Atlántida, de Valle de Guerra cumple 35 años de esfuerzos dirigidos a mejorar el ámbito social y cultural de su pueblo, consiguiendo cosas tan importantes como, por ejemplo, colegios o el alumbrado público. Todo empezó un 15 de enero de 1975, cuando 100 mujeres de Valle de Guerra decidieron unirse para "conseguir muchas cosas que hacían falta en nuestro pueblo y además no sólo poner un granito de arena en hacer más grande del pueblo, sino colaborar entre nosotras en formarnos en cosas que no conocíamos", como señala la presidenta de Atlántida, Concha Mendoza.

Esta vallera de reconocido prestigio dice que las mujeres con las que ha luchado son "valientes y trabajadoras que nos unimos para luchar y contribuir al crecimiento de nuestro pueblo que tantas necesidades tenía en esos momentos. Trabajar por la cultura y propagar nuestra artesanía canaria fue uno de nuestros retos".
Una de las cosas de las que más orgullosa está la presidenta es que "aprendimos a crecer como personas y a transitar por la vida del miedo. El comienzo fue muy duro porque encontramos muchas piedras en el camino. Pero saltando y saltando hicimos camino al andar y no había obstáculos para nosotras, ya que teníamos el apoyo de nuestros maridos, nuestros hijos, e incluso de nuestro párroco, José Noda".

Ayuda a necesitados

La tarea de estas mujeres se inició con visitas a casas de familias muy pobres, que no tenían ni luz ni agua, y crearon un ropero con ropa que luego repartían entre los más necesitados. A la hora de sus logros, hay que empezar por el que el pueblo contara con los colegios Atlántida y Ayatima. Domingo J, Jorge, que conoce bien la trayectoria de estas mujeres emprendedoras de Valle de Guerra ha recogido en un trabajo que en la década de los 80 lograron el alumbrado público.

A esta mejora le siguieron muchas más, como una sede de CajaCanarias, un camión de recogida de basura, la limpieza de las plazas y jardines, la mejora del cementerio, el ensanche del puente, entregas al Asilo de Ancianos, cesión de libros a la biblioteca, regalo de una canastilla al niño que naciera en Navidad, cursos para mujeres, ayudan en la apertura del centro social, creación de un economato, taller de costura, enriquecimiento de muchas romerías, petición y logro de una plaza...

El trabajo de las Amas de Casa Atlántida ha sido muy intenso, por lo que ha conseguido grandes triunfos, siendo el mayor de ellos la Medalla de Oro de Agrocanarias.

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