La Opinión de Tenerife
30 de enero de 2011.
Valle de Guerra pide una calle para una mujer que ha hecho de todo por el pueblo
ALMUDENA CRUZ
Concha Mendoza (1932) no se siente merecedora de una calle. El homenaje, explica, debería ser para "todos los hombres y mujeres de este pueblo que tanto han trabajado por salir adelante". Sin embargo, pese a su humildad, los vecinos de esta mujer atrevida y generosa han decidido que ha llegado el momento de reconocerle, con esa distinción, toda una vida dedicada al trabajo, a su pueblo y a amar intensamente a su familia. La propuesta ha llegado al Ayuntamiento y cuenta ya con el aval del cariño de todos sus vecinos.
Concha mantiene abierta la puerta de su casa. Ha sido siempre así, incluso antes de que decidiera crear una pequeña escuela donde muchos de sus vecinos aprendieron a leer y escribir. "Todo el pueblo ha pasado por mis clases", explica sonriente mientras sujeta los dos libros que ha publicado en colaboración con sus amigos Rafael Lutzardo y Cirilo Leal.
Esta vallera de "pura cepa" ha sido maestra, costurera, cocinera, dependienta y, además de cuidar y criar a cuatro hijos, ha tenido tiempo para luchar por mejorar los equipamientos de su pueblo y hasta de jurar bandera. Toda la vida, sin embargo, le resulta a esta optimista nata muy poco tiempo para cumplir con todos sus objetivos. Cada día cuida de su casa, hace ejercicio y reparte su tiempo entre la Asociación de Amas de Casa Atlántida, la lectura y la escritura.
"Soy vallera y aquí me muero", indica con determinación cuando se le pregunta si se siente orgullosa del trabajo realizado. Junto a sus compañeras de la Asociación de Amas de Casa, que el año pasado cumplió 35 años desde su constitución, empezó a moverse para conseguir logros que iban más allá de los cometidos que por aquel entonces estaban socialmente bien vistos para la mujer. "Pese a que todavía no podíamos porque estábamos en la dictadura, nos reuníamos en el antiguo cine y, en ocasiones especiales, íbamos todas juntas a merendar. La gente que estaba en los bares salía a vernos", indica.No obstante, Concha y muchas de sus compañeras contaban con el apoyo inestimable y la ayuda de sus maridos. "Mi esposo ha sido el lazarillo de mi vida, siempre estuvimos juntos y fuimos muy felices. Fue una historia de amor realmente preciosa", recuerda emocionada.
La vecina de Valle de Guerra y sus compañeras de la asociación lograron, entre otros méritos, que la primera caja de ahorros se instalara en el pueblo o que se colocaran los primeros contenedores para la basura. "Todos los alcaldes de La Laguna se han portado muy bien con nosotras", recuerda.
Concha Mendoza y sus amigas han reunido ropa y alimentos, han organizado exposiciones y han luchado por los necesitados. Las cosas, tres décadas después, parece que no son tan distintas –en algunos aspectos– a lo que ocurría en 1975. "Los pobres siguen siendo pobres y siguen sin tener alas para volar", comenta entristecida. Ella misma tuvo que emigrar en la década de los cincuenta hasta Venezuela, donde trabajó en una fábrica de pantalones. "Mi marido fue primero y después, pasados dos años, yo le acompañé. Fueron nueve días de travesía que nunca olvidaré", rememora.
El mayor tesoro de esta vallera incansable, además de su familia (que completan siete nietos y un bisnieto) es su propia memoria. Lee, escribe e investiga entre las fotos antiguas que atesora porque sabe que, tras el paso del tiempo, quedan los recuerdos hermosos y desaparecen los más tristes. "A pesar de todo, volvería sin pensarlo a vivir aquélla época", sentencia. El amor por enseñar a los demás todo lo que sabe es una de las mayores virtudes de esta entrañable vecina a la que sus conciudadanos quieren ahora reconocer con una calle en su honor.
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