Aquí no se tira nada

Publicado en:
17 de mayo de 2011

Las fiestas son una excusa para los reencuentros y un excelente motivo para disfrutar de buena comida y bebida. Cuando las celebraciones llegan a su fin, es el momento de la nostalgia y para emplazar a los amigos para el año _siguiente. "La fiesta se extendió hasta muy tarde. Muchos se fueron bien entrada la madrugada", explicaba ayer Cristo Pérez, concejal lagunera de Participación Ciudadana, en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, el centro festivo de Valle de Guerra.

La romería en honor a San Isidro Labrador y Santa María de La Cabeza reunió el domingo pasado a cientos de personas en uno de los recorridos más antiguos de la Isla, que cumplió en esta edición sus 62 años de historia. Ayer, los vecinos de Valle de Guerra organizaron una despedida que sirvió también para que la comida y bebida de la que no se dio cuenta en el encuentro romero fuera aprovechada por todos los vecinos.

"Aquí no se tira nada. Mire, estamos asando carne", explicó Guillermo López mientras preparaba la comida para todos sus compañeros en la carreta bautizada como Los Sirumbo. "También haremos algo de pescado para la resaca porque, después de tantos días, estamos un poco cansados de comer tanta carne", explicó divertido mientras daba una vuelta a las chuletas. "Estaremos aquí tranquilamente, toda la tarde disfrutando de los amigos", afirmó.

Ayer, los carreteros tuvieron su personal despedida de las fiestas patronales del pueblo. También se celebró una misa en memoria de los carreteros fallecidos, oficiada por el párroco Julio Ribot.

En la plaza se congregaron, a medida que avanzaba la tarde, varios de los pequeños carros que cada año hacen el recorrido en honor a los patronos de Valle de Guerra repartiendo comida a todo aquel que la solicite. Antonio Rodríguez preparaba los bocadillos pan de leña con chorizo, mientras sus amigos daban cuenta de parte de la comida del día anterior.

"El carro lo sacamos hace unos tres años entre cuatro parejas que nos conocemos desde siempre y decidimos hacer una para participar en la romería", explicó Antonio mientras repartía algunos de los bocadillos. No obstante, comentó, en una romería "no se le niega ni comida ni bebida a nadie. Esa es la gracia".

El carro, llamado Los Amigos, ha repartido durante las fiestas todos los productos típicos. "Desde el solomillo de la tierra, que es el gofio, hasta plátanos, que se acabaron muy rápido", bromeó Antonio. Junto a él, en unas improvisadas carpas junto a las cantinas, un grupo de amigos preparaba una paella para más de treinta personas. "Lleva de todo, hasta carne", explicaban divertidos los cocineros.

Baraja

El tradicional torneo de envite de las fiestas se celebró también en la gran plaza de la Iglesia. Un total de 16 equipos se inscribieron en la competición de este popular juego de mesa. "Hay mucha afición en la zona. Todos los que están aquí juegan habitualmente y pertenecen a equipos estables", explicaron desde la organización. De hecho, para que la competición no se alargara demasiado, hubo que limitar el número de participantes. "De todas formas, estaremos toda la tarde jugando", concluyó un jugador.

                                                                                            Carsten W. Lauritsen

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