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3 de abril de 2011.
Esta preciosa historia ha sido escrita por una gran mujer llamada Concha Mendoza González. Persona que pasará a la historia contemporánea de Valle de Guerra por ser la primera mujer que lleve su nombre en una de las calles, tras ser aprobado por mayoría en el pleno del Ayuntamiento de La Laguna el día 10 de abril de 2011. Esta narrativa inspirada en la familia y la soledad cuya autora es Concha Mendoza, comienza así:
"Cuando mi familia estaba entera el cuarto de la tele siempre estaba lleno; mis padres, mis hijos, mi marido y mis nietos. Pero cuando murió mi marido, ya se fueron todos: unos a otra vida mejor y otros a formar nuevas generaciones. Aquí me quedé en este cuarto ahora vacío. Y en mis noches desiertas tengo tiempo para reflexionar, pensar y fijarme en lo mínimo.
Cuando estábamos y aparecía un perenquén de noche, yo los movilizaba a todos y con cualquier artilugio perseguíamos al bicho hasta que lo echábamos fuera, era un bicho que me erizaba la piel. Pero después que me quede sola, una de esas noches me fije que un perenquén traspasaba una puerta de cristales y de esa puerta, a un antiguo cuadro que cuelga encima de la tele. Lo vi cruzar y me erice. Se escondió detrás del cuadro, estuve pendiente a ver si lo veía salir y ahí se quedó. Cuando me fui acostar miré detrás del cuadro y estaba ahí.
Al día siguiente vi una cosa oscura que traspasaba la puerta y me asuste, pero enseguida me acorde del perenquén. Así, muchas noches, me fui acostumbrando a su compañía, empecé a pensar que no hacen daño, que sólo se comen los insectos. Ahora me fijo que cuando sale detrás de la puerta, en este tramo, hace una paradita y vuelve su cabeza hasta donde yo estoy; como si nos conociéramos de toda la vida.
Cuando vi el perenquén la primera vez, era pequeño y clarito; ahora ha crecido y está más oscuro. A veces hablo con él y casi siempre viene a la misma hora. Nunca creí que me pudiera sentir acompañada por un perenquén, aquél que me erizaba la piel y que ahora llamo luz de noche".
"Cuando mi familia estaba entera el cuarto de la tele siempre estaba lleno; mis padres, mis hijos, mi marido y mis nietos. Pero cuando murió mi marido, ya se fueron todos: unos a otra vida mejor y otros a formar nuevas generaciones. Aquí me quedé en este cuarto ahora vacío. Y en mis noches desiertas tengo tiempo para reflexionar, pensar y fijarme en lo mínimo.
Cuando estábamos y aparecía un perenquén de noche, yo los movilizaba a todos y con cualquier artilugio perseguíamos al bicho hasta que lo echábamos fuera, era un bicho que me erizaba la piel. Pero después que me quede sola, una de esas noches me fije que un perenquén traspasaba una puerta de cristales y de esa puerta, a un antiguo cuadro que cuelga encima de la tele. Lo vi cruzar y me erice. Se escondió detrás del cuadro, estuve pendiente a ver si lo veía salir y ahí se quedó. Cuando me fui acostar miré detrás del cuadro y estaba ahí.
Al día siguiente vi una cosa oscura que traspasaba la puerta y me asuste, pero enseguida me acorde del perenquén. Así, muchas noches, me fui acostumbrando a su compañía, empecé a pensar que no hacen daño, que sólo se comen los insectos. Ahora me fijo que cuando sale detrás de la puerta, en este tramo, hace una paradita y vuelve su cabeza hasta donde yo estoy; como si nos conociéramos de toda la vida.
Cuando vi el perenquén la primera vez, era pequeño y clarito; ahora ha crecido y está más oscuro. A veces hablo con él y casi siempre viene a la misma hora. Nunca creí que me pudiera sentir acompañada por un perenquén, aquél que me erizaba la piel y que ahora llamo luz de noche".
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