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Periódico El Día.
27 de junio de 2010.
Costas mantiene abiertos quince expedientes por supuestas ilegalidades urbanísticas en la playa El Apio, un desconocido rincón de Valle de Guerra.
ÁLVARO MORALES, Tenerife
La Laguna es tan grande que muchos de sus concejales, con ediles del gobierno incluidos, desconocen algunos rincones que, si no fuera por la mano del hombre, tendrían mucho encanto, sobre todo para los amantes del mar, la pesca y el marisqueo. Las playas del Apio y El Calabazo, en Valle Guerra, reúnen esas condiciones de forma holgada. Con la llegada del verano, la sorprendente arena rubia presente en la del Apio va ganando metros y los callaos reinantes se hacen cada vez más apetecibles si la marea y el día acompañan para bañarse en los charcos, pseudopiscinas "humanizadas" o en el mar abierto. Lo que ocurre es que, para acceder, hay que bajar un pequeño tramo de barranco y ladera y, lo que es peor, el enclave presenta una decena de edificaciones muy poco edificantes para la vista que le dan una apariencia "privada y de privilegio" a una zona que se presupone pública. Son los "otros tesoros" de la costa local, tesoros nada ejemplares, por cierto.
El litigio sobre lo público o privado de algunas partes de esta cala y zonas anexas lo abrió la Demarcación de Costas en su memoria de 2007, cuando confirmó la apertura de 15 expedientes de demolición por otras tantas edificaciones que, presuntamente, ocupan el dominio público (20 metros) o la servidumbre de tránsito (hasta 100 metros desde el mar) en El Apio.
Las imágenes poco edificantes se suceden antes incluso de divisar la costa si se mira hacia la derecha al bajar el barranco. Los vertidos de restos vegetales y de chatarra y otras basuras en el cauce y la ladera, hechos que han sido denunciados por el propio consistorio para obligar al propietario de la finca de esa parte a corregir la situación sin que, desde octubre pasado, se haya solucionado, ya despiertan la sensibilidad y enojo medioambiental. Sin embargo, la cosa va a peor al contemplar, al fondo de los callaos y en dirección hacia La Barranquera, la presencia de una chabola de considerables dimensiones. Una construcción endeble que tiene otras tres réplicas justo donde termina la irregular vereda que permite llegar hasta estas zonas de pesca y baño.
Si se opta por caminar hacia la izquierda, siempre por encima de piedras y topándose con algún que otro charco, se llega hasta una plataforma de cemento que, seguramente, albergó en el pasado otra edificación, aunque lo más llamativo se sitúa al lado: varias casas de mayor tamaño y otras dos edificaciones más cerca de la linde con Tacoronte, una de ellas forrada de piedras y otra murada y con apariencia de abandonada, pero en plena playa o callaos.
Como ocurre con el resto de los 696 expedientes abiertos desde 2007, Costas no aporta sino datos generales y no se refiere a los casos concretos. Sin embargo, los 15 que analiza en esta zona corresponden en número con las edificaciones citadas, toda vez que, junto a las realizadas con bloques y cemento, en esta parte hay otras chabolas. Aun así, faltarían otras cuatro que, por lo menos en la playa El Apio y cercanías, no se encuentran ahora.
Lo más llamativo es que diversos concejales de las tres fuerzas del ayuntamiento (CC, PSC y PP), que aprobaron recientemente una moción para proteger los núcleos costeros locales con valor etnográfico, histórico y comercial, reconocieron a este periódico que desconocían la presencia de estas edificaciones y la playa en sí. No obstante, tanto el gobierno como la oposición descartan defender este tipo de casos ante otras instancias, si bien recalcan que las competencias son de Costas.
El litoral de La Laguna, como el del resto de la Isla, encierra tesoros dignos de bajar barrancos casi imposibles. Hay otras zonas, sin embargo, que sólo despiertan desconcierto, desazón e indignación.
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Periódico El Día.
27 de junio de 2010.
Costas mantiene abiertos quince expedientes por supuestas ilegalidades urbanísticas en la playa El Apio, un desconocido rincón de Valle de Guerra.
ÁLVARO MORALES, Tenerife
La Laguna es tan grande que muchos de sus concejales, con ediles del gobierno incluidos, desconocen algunos rincones que, si no fuera por la mano del hombre, tendrían mucho encanto, sobre todo para los amantes del mar, la pesca y el marisqueo. Las playas del Apio y El Calabazo, en Valle Guerra, reúnen esas condiciones de forma holgada. Con la llegada del verano, la sorprendente arena rubia presente en la del Apio va ganando metros y los callaos reinantes se hacen cada vez más apetecibles si la marea y el día acompañan para bañarse en los charcos, pseudopiscinas "humanizadas" o en el mar abierto. Lo que ocurre es que, para acceder, hay que bajar un pequeño tramo de barranco y ladera y, lo que es peor, el enclave presenta una decena de edificaciones muy poco edificantes para la vista que le dan una apariencia "privada y de privilegio" a una zona que se presupone pública. Son los "otros tesoros" de la costa local, tesoros nada ejemplares, por cierto.
El litigio sobre lo público o privado de algunas partes de esta cala y zonas anexas lo abrió la Demarcación de Costas en su memoria de 2007, cuando confirmó la apertura de 15 expedientes de demolición por otras tantas edificaciones que, presuntamente, ocupan el dominio público (20 metros) o la servidumbre de tránsito (hasta 100 metros desde el mar) en El Apio.
Las imágenes poco edificantes se suceden antes incluso de divisar la costa si se mira hacia la derecha al bajar el barranco. Los vertidos de restos vegetales y de chatarra y otras basuras en el cauce y la ladera, hechos que han sido denunciados por el propio consistorio para obligar al propietario de la finca de esa parte a corregir la situación sin que, desde octubre pasado, se haya solucionado, ya despiertan la sensibilidad y enojo medioambiental. Sin embargo, la cosa va a peor al contemplar, al fondo de los callaos y en dirección hacia La Barranquera, la presencia de una chabola de considerables dimensiones. Una construcción endeble que tiene otras tres réplicas justo donde termina la irregular vereda que permite llegar hasta estas zonas de pesca y baño.
Si se opta por caminar hacia la izquierda, siempre por encima de piedras y topándose con algún que otro charco, se llega hasta una plataforma de cemento que, seguramente, albergó en el pasado otra edificación, aunque lo más llamativo se sitúa al lado: varias casas de mayor tamaño y otras dos edificaciones más cerca de la linde con Tacoronte, una de ellas forrada de piedras y otra murada y con apariencia de abandonada, pero en plena playa o callaos.
Como ocurre con el resto de los 696 expedientes abiertos desde 2007, Costas no aporta sino datos generales y no se refiere a los casos concretos. Sin embargo, los 15 que analiza en esta zona corresponden en número con las edificaciones citadas, toda vez que, junto a las realizadas con bloques y cemento, en esta parte hay otras chabolas. Aun así, faltarían otras cuatro que, por lo menos en la playa El Apio y cercanías, no se encuentran ahora.
Lo más llamativo es que diversos concejales de las tres fuerzas del ayuntamiento (CC, PSC y PP), que aprobaron recientemente una moción para proteger los núcleos costeros locales con valor etnográfico, histórico y comercial, reconocieron a este periódico que desconocían la presencia de estas edificaciones y la playa en sí. No obstante, tanto el gobierno como la oposición descartan defender este tipo de casos ante otras instancias, si bien recalcan que las competencias son de Costas.
El litoral de La Laguna, como el del resto de la Isla, encierra tesoros dignos de bajar barrancos casi imposibles. Hay otras zonas, sin embargo, que sólo despiertan desconcierto, desazón e indignación.
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